No, en terapia sistémica no buscamos “al culpable”
- Danel Nouel

- Aug 11
- 3 min read

Cuando una persona escucha terapia familiar, muchas veces piensa inmediatamente en una familia completa sentada en un consultorio hablando de sus problemas.
Y sí, podemos trabajar con familias. También con parejas. Pero puedes ir completamente solo a terapia y estar haciendo un proceso desde el enfoque sistémico. Porque lo que hace sistémica a la terapia no es cuántas personas están sentadas en el consultorio. Es la manera en que comprendemos lo que te está pasando.
Desde este enfoque partimos de una idea bastante sencilla: vivimos en sistemas.
Tenemos una familia, relaciones de pareja, amistades, espacios laborales, contextos sociales… y dentro de cada uno hemos aprendido maneras de relacionarnos, protegernos, comunicarnos, reaccionar y ocupar determinados lugares. Por eso, cuando llegas a terapia con un problema, no solamente nos interesa saber qué te pasa.
También podemos preguntarnos: ¿Qué ocurre alrededor de eso que te pasa? ¿Con quién aparece más? ¿Qué suele pasar antes y después? ¿Qué haces tú cuando ocurre? ¿Cómo responde el otro? ¿Esto te ha pasado en otros vínculos? ¿Dónde aprendiste a relacionarte de esta manera?
Y una de mis favoritas: ¿qué función ha tenido esta conducta en tu vida, incluso si hoy te está haciendo daño?
No mira a la persona como si existiera aislada de todo lo demás y comenzamos a mirar patrones, dinámicas y vínculos.
Piensa, por ejemplo, en una pareja que discute constantemente.
Desde fuera puede parecer muy sencillo: “él tiene problemas de comunicación” o “ella es demasiado controladora”.
Pero cuando observamos la dinámica completa, quizás encontramos algo diferente. Mientras más una persona exige respuestas, más la otra se distancia. Y mientras más se distancia una, más ansiedad siente la otra y más insiste. Y se vuelve un círculo...
Entonces ya no estamos buscando quién empezó ni quién tiene la culpa. Estamos observando un ciclo relacional que ambos, de maneras diferentes, están ayudando a mantener.
Y eso es importantísimo desde el enfoque sistémico: comprender no significa justificar. Podemos explorar el contexto de una conducta y, al mismo tiempo, responsabilizarnos por ella.
¿Y qué puedes esperar de un terapeuta sistémico?
Muchas preguntas. Algunas bastante incómodas, debo advertirte.
Porque probablemente no nos quedaremos únicamente con “¿cómo te hizo sentir?”. También querremos saber qué hiciste con eso que sentiste, cómo reaccionaron los demás, qué ocurrió después y qué patrón se está repitiendo.
Podemos explorar tu historia familiar, los roles que aprendiste a ocupar, la manera en que se manejaban los conflictos en casa, los límites, las alianzas, la comunicación, las expectativas familiares, las lealtades, las pérdidas y transiciones importantes.
También podemos trabajar dificultades actuales: conflictos de pareja, problemas familiares, crianza, separación, infidelidad, dificultades para poner límites, comunicación, manejo emocional o patrones que aparecen una y otra vez en diferentes relaciones.
Y no, el objetivo tampoco será culpar a tu mamá y a tu papá de todo lo que haces a los 35. Tu historia ayuda a entenderte. No necesariamente determina lo que tienes que seguir haciendo.
De hecho, una de las cosas que más me gustan de este enfoque es precisamente esa: nos permite pasar de “yo soy así” a preguntarnos “¿cómo aprendí a funcionar así y qué puedo hacer diferente ahora?”
Porque cuando empiezas a observar el sistema, también comienzas a descubrir algo incómodo pero esperanzador: quizás no puedes cambiar a todos los que forman parte de él, pero sí puedes cambiar la manera en que tú participas en esas dinámicas.
Y cuando una parte del sistema empieza a actuar diferente, la dinámica completa inevitablemente tiene que responder de alguna manera. Desde que cae el primer dominó, los otros comienzan a caer por igual.
Al final, la terapia sistémica no busca únicamente ayudarte a sentirte mejor. Busca ayudarte a comprender cómo te relacionas contigo, con los demás y con los contextos de los que formas parte, para que puedas decidir qué quieres seguir sosteniendo, qué necesitas transformar y qué ya no quieres repetir.
Porque muchas veces el problema que traemos a terapia parece individual… hasta que empezamos a mirar todo lo que ocurre alrededor.
— Danel Nouel




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