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No es que el estrés te tiene harto. Es que lo normalizaste tanto que ya ni te das cuenta.


El estrés no siempre llega como una crisis. A veces llega como alguien que se muda contigo en silencio, sumándose sigiloso pero potente. Se instala, te acompaña al trabajo, te espera hasta llegar a casa y se mete en tus sueños.


El estrés es parte de la cotidianidad de cualquier ser humano.Y tú le haces café, porque ya es parte de tu rutina. Y como todavía no has colapsado, asumes que puedes con todo. Incluso cuando te sientes un tanto incómodo (emocional o físicamente), sigues sin cuestionar la molestia y te dejas llevar por la frase interna: “funciono mejor bajo presión”.


Pero lo sientes: en la espalda tensa, en los olvidos frecuentes, en ese dolorcito que aparece y desaparece, en la ansiedad que se disfraza de productividad. Es más, me arriesgo a invitarte a buscar sobre "depresión funcional", a ver qué tanto te identificas con la descripción.


El problema no es solo tener y sentir el estrés (tiene su funcionalidad en la vida). El problema es seguir funcionando como si nada, bajo altos niveles de presión. Es no darte permiso para pausar porque “todavía no está tan grave”. Es convencerte de que descansar es un lujo y no una necesidad biológica. Es seguir y seguir como una maquinita de producción.


¿Eso es vivir? Solo sabes producir.


Y ojo: el estrés en sí no es el enemigo. El enemigo es ignorarlo. Taparlo con más y más tareas. Medir tu valor según lo mucho que aguantas. Reconocerte solo por lo mucho que logras. Tu vida gira en torno a cumplir un checklist.


El cuerpo no quiere que dejes de ser fuerte. Solo quiere que no te olvides de que eres humano también. ¿Sabes cómo ser humano?


- Danel Nouel



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