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Tu expresión es tuya. La interpretación, no tanto.



Hay algo que no siempre se dice en voz alta, pero muchos sienten: “¿Para qué hablar si la gente no me entiende como quiera?”


Y así, no funciona la comunicación.


La comunicación no siempre será entendida como esperas. Pero eso no la invalida. Porque comunicar no es controlar cómo el otro lo recibe, sino responsabilizarte de cómo lo expresas.


A veces confundimos la necesidad de expresión con la necesidad de validación. Y caemos en discursos que ya no buscan conectar, sino convencer.


Queremos que nos den la razón. Queremos que entiendan “exactamente lo que yo quise decir”. Y cuando no lo logran… nos frustramos, nos sentimos ignorados, o volvemos a quedarnos en silencio.


Pero ¿y si cambias la perspectiva? ¿Y si la próxima vez, en lugar de buscar que te den la razón, te preguntas: “¿Lo dije como necesitaba decirlo? ¿Fui coherente con lo que siento y pienso?”


Es para ti y por ti. Porque la satisfacción de comunicarte debería estar en tu capacidad de hacerlo con claridad, respeto y coherencia… no en que el otro cambie de opinión.

La asertividad es tuya. La interpretación es del otro. Y por más que duela, a veces lo más sano que puedes hacer es comunicarte bien, aunque no seas comprendida/o al 100%.


No todo se resuelve al primer intento. Pero expresarte con verdad ya es una forma de regularte, conectar o sanar. De honrarte. De salir del monólogo interno que cansa. De recordar que no estás en esta vida para ganarte debates, sino para conectar con personas que también sepan escuchar.


— Danel Nouel

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